
Las espadas
(recitado)
Mi tío Carmelo era un maestro enjuto con bigotillo
Al uso, que ponía una bata gris, en llegando a las es-
Cuelas, pues eso era lo obligado si se queria enseñar, y a
Veces me llevaba en Vespa, de paquete, ¡ qué ilusión!
Y además, era carpintero y tenía en casa un taller,
con la mesa de trabajo, los estantes de barniz y colas, di-
ferentes cajas de clavos, y con una cristalera y una puerta
que daba al corral.
Entonces, con pedazos de embalajes, me hizo alguna
Vez una espada, alguna como la Tizona, y como las de los
Cruzados y también alguna daga cual del Rríncipe Valiente.
Yo entonces era un cagao, y todo me daba miedo, y así me
llamaba mi abuelo; "El valiente Robaperas", con cariño
familiar.
Después aprendí yo solo a hacerlas, con la sierra,
Con la lija, y después las llevaba al cinto y me sentia un "soldao".
También me construía barquitos y otros juguetes, y
En aquel taller tenía todo un mundo de ilusión y habi-}
lidades.
Las espadas nos atraían más a los niños del colegio
Después de escuchar las hazañas que realizaran Viriato y
Pelayo, Rescevinto, Chindasvint y Wamba, también el
Cid Campeador, y entonces yo ceía que Franco había exis-
tido siempre, rodeado de visigodos y también con los roma-
nos, pues en las clases de historia todo aquello era fervor y
Franco era el salvador y todo era un mundo de miedo y
Oscurantismo infantil, nos habalaban de demonios rojos que
Venían con mazas a romper España y a quemar las iglesisas,
Venían con cuernos y rabo, desde Rusia, donde eran malos.
Qué maltratos nos hacían, y que miedo nos metían,
los señores engominados, con colonia, yugo y flechas. Pero
mi tío era normal, tan solo un maestro al uso.